La bestia vulnerable (un eco del especial «Carne y metaliteratura»)

El carnicero (Claude Chabrol, 1970)

Mlle. Hélène:

Fue un placer acompañarla a su casa, siendo usted una refinada parisina paseando junto a un carnicero de pueblo. Me alegra que disfrute de nuestra región, el Périgord no solo ofrece gastronomía, sino también arte e historia, por ejemplo, en las cuevas de Lascaux, ya sabe, el cromañón. La carne no ha dejado de marcar mi biografía, desde niño vivo entre matanzas, matarifes y mataderos. Usted dirá que también vi mundo, pero mis quince años en el ejército, ya fuera en Argelia o Indochina, no me alejaron ni un solo metro de la sangre y la carne, viva primero, desmenuzada después. Una vez carnicero, siempre carnicero.

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Me gustan las flores, pero disfruto más viéndola desenvolver con delicadeza una pierna de cordero, mi mejor obsequio de cortejo. “Si no le asusto, comparta conmigo su regalo y venga a cenar”, puedo sentirla excitarse de un modo perverso ante el peligro que intuye en mi persona. Usted sí es una mujer valiente, bella Hélène.

Eva Peydró

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