«Self Made Woman» de Concha Ros por José Luis Jover

Con su distintas trayectorias, inquietudes y personalidades, Concha Ros y José Luis Jover son dos artistas muy queridos por la Revista de Arte, Filosofía y Literatura Canibaal. Por eso nos alegró verles juntos en la presentación de “Self Made Woman”, el libro de artista de Concha Ros, dibujante: 6 prints en papel artesanal, firmados y numerados, con dos poemas de María Mormeneo, en una edición limitada de Segundo Santos.

Le pedimos a Jover permiso para reproducir la presentación que de ella hizo esa tarde. Los grandes artistas son personas generosas y accedió:

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«“Self Made Woman” contiene una serie de seis dibujos de Concha Ros acompañados de dos poemas de María Mormeneo. La edición consta de 30 ejemplares salidos del taller conquense de Segundo Santos, un lugar asombroso donde todavía se fabrica papel a mano como este en que se han estampado los dibujos de “Self Made Woman”.

Nuestro primer golpe de vista nos dice que se trata de unos dibujos sencillos y sutiles y con un remoto parecido a los que hemos visto alguna vez en los cuadernos de apuntes de famosos escultores. Más tarde, cuando los vemos uno a uno y nos demoramos mirándolos porque nos gustan, descubrimos, según la mirada de cada cual, otras particularidades: sobre todo su poder de sugerencia y el valor que su autora concede al juego como parte del acto creativo.

En todos los dibujos aparece una mano de mujer que sostiene un lápiz con el que está dibujando sobre un papel en blanco el contorno de su propio cuerpo desnudo. Esa mano, a mi entender, es el elemento central de los dibujos. Porque es el que les está dando la vida.

Imaginemos a Concha Ros comenzando cualquiera de los dibujos. Imaginemos que lo empieza dibujando la mano y el lápiz. Y que luego la línea que traza ese lápiz ha avanzado por el brazo, el cuello, etc. Y que así ha ido progresando hasta que esa mano que sostiene y guía el lápiz –esa mano que se ve en el dibujo, no la mano de Concha Ros– se detiene por capricho de ella misma, dejando el dibujo incompleto. ¿Por qué no imaginar autónoma esa mano? ¿O acaso no está sugiriendo el propio dibujo que la mano que dibuja es la que vemos en el dibujo?

También observamos que esa mujer incompleta (y anónima: tiene cara pero no facciones) es la misma en los seis dibujos. Sin embargo, cada uno es distinto porque ella cambia de postura por sí misma al pasar de uno a otro. Y aún se diferencian en que en cada uno de ellos la mano ha decidido dónde dejarlo incompleto. Es posible que la lectura que hago de “Self Made Woman” parezca demasiado personal o conjetural. Podría ser. Pero ya dije que cada cual ve según su propia mirada y, en este caso, además de ver que se trata de unos dibujos impecables en su sencillez y en cómo trasmiten sensación de movimiento desde su quietud de escultura.., además, percibo también que incitan a quien los mira a ver sus entretelas, a ver lo que no se ve, incluso estando a la vista.

Hay que tener en cuenta, por otro lado, que son dibujos bastante literarios, es decir, que insinúan historias. Por ejemplo (volviendo a la mano): esa pequeña mano con su lápiz que va dibujando por su cuenta un cuerpo de mujer, esa mano con vida propia, ¿no se le habrá ido a Concha de la mano –de la suya, de la propia mano de Concha– hasta convertirse realmente en una mano emancipada? Si fuese así, no sólo estaríamos viendo a una mujer haciéndose a sí misma, sino también un dibujo haciéndose a sí mismo. Con lo cual estaríamos entrado ya en el terreno de la magia, pues es como si la autora de la carpeta, Concha Ros, hubiese desparecido de pronto mediante un ejercicio de escapismo.

“Self Made Woman” contiene seis dibujos, decíamos. Pero antes de que fueran seis, hubo sólo uno: el primero. Y me gusta imaginar que Concha entrevió enseguida en él un espacio abierto al juego creativo: empezando por convertir ese primer y único dibujo en seis dibujos diferentes. Y al igual que Concha Ros pudo ver en ese primer dibujo un espacio abierto al juego creativo, igual nosotros podamos continuar el juego, no ya creativo pero sí recreativo. ¿Cómo? Si tranquilamente extendemos los seis dibujos sobre una mesa para verlos bien, y a continuación se nos ocurre la idea de probar a colocarlos en fila según un orden posible, nos encontraremos jugando con un rompecabezas. Es como si el juego continuase.

En fin, yo les animo a abrir la carpeta y a mirar. Lo que yo he visto ahí, resumiendo mucho, es lo más parecido a un gran poema visual.»

Texto leído por José Luis Jover en la Biblioteca de la Dona, Valencia, 2017

Fotografías: Julia Ros

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