Tamara de Lempicka: ¿Qué sería de ella hoy?

Tamara de Lempicka: ¿Qué sería de ella hoy? Por Ximo Rochera

Hablar hoy de Tamara de Lempicka significa retrotraerse a los años veinte, al París de F. Scott Fitzgerald, Jean Cocteau y Coco Chanel. Me genera una especie de frustración difícilmente salvable.

No puedo dejar de pensar en el retroceso social de estos últimos cien años de soledad. Ha habido muchos avances científicos y tecnológicos, sin embargo, tengo la sensación –extraña sensación– de que la opresión moral es mayor que en los años veinte.

Tamara de Lempicka era un artista peculiar, le gustaba la moda y el lujo y difícilmente se entiende su obra sin esa combinación. Pero también le gustaba la belleza en cualquiera de sus formas o expresiones. Bebía vodka y comía caviar, consumía cocaína y frecuentaba burdeles, se acostaba con hombres y con mujeres. Consumía la vida como deseaba. No hay que olvidar que catalogó a Gertrude Stein y a Ernest Hemingway como gente aburrida. ¿Puede alguien imaginar la censura que recibiría una mujer como Lempicka hoy en día?

«Yo trato de vivir y de crear de modo que tanto mi vida como mis obras lleven la marca de los tiempos modernos.»

Siempre aseguró que le repugnaba la banalidad en la que cae el arte, por esa razón no le gustaba copiar.

A la izquierda cuadro pintado por Tamara de Lempicka, a la derecha cuadro pintado por Georgia O´Keeffe

Influenciada y atraída por el cine y la vida hollywoodiense, se trasladó a EEUU en 1933. En Chicago, trabajó con Willem de Kooning y con Georgia O´Keeffe, de ahí que sus cuadros florales recuerden tanto a los de O´Keeffe. En 1938, finalmente, se trasladó a California para vivir una vida de excesos y lujo rodeada de todos los artistas de Hollywood e incluso retratándolos.

«He pintado reyes y prostitutas… No pinto a una persona porque sea famosa, pinto a las que me inspiran y me hacen vibrar.»

Nos gusta decir, a veces, cuando alguien es moderno que se trata de una «persona adelantada a su época», pero ¿Imaginan a Tamara de Lempicka viviendo hoy rodeada de conservadores de moral estricta? ¿Imaginan lo que podría decir de ella de alguno de los personajes que hoy nos dirigen? ¿Imaginan cómo las redes calentarían la hoguera en la que desearían quemarla?

No, creo que no fue una mujer adelantada a su época. ¡Fue una mujer! Una mujer de su época, moderna y atrevida, que hacía «lo que le venía en gana». También pintaba de esa forma. En el decorativismo conviven la historia del arte con la cultura mundana y Tamara de Lempicka era capaz de captar y fusionar ambas partes.

Charles Baudelaire acuñó el término modernidad, pero fue Umberto Boccioni quien en 1909 introdujo otro término: Modernolatría como el culto incondicional al progreso. De no haberlo hecho el pintor futurista, hubiese sido Tamara de Lempicka.

Estudio de Tamara de Lempicka en 1929

«Vivir rodeada de objetos creados por nuestros bisabuelos… ¿Por qué? Creemos nosotros mismos.»

Sus casas siempre fueron referentes de esa modernidad que tanto le gustaba, de ese ambiente que se respiraba en Europa y también en EEUU. Sin embargo, las viviendas rodeadas de objetos antiguos le agobiaban, igual que ocurría con sus propietarios.

Me gusta imaginar a Tamara de Lempicka visitando platós de televisión hoy en día. Soñar que debate con la derecha rancia europea, que se escandalizan con cada uno de sus gestos, de sus miradas, de sus palabras… Sueño despierto con la cara de Pablo Casado y Santiago Abascal escuchándola hablar abiertamente sobre la bisexualidad, diciéndoles claramente que jamás pintaría a dos personajes como ellos. Tamara de Lempicka que se educó rodeada de películas y libros, de artistas y nobles, que coincidió con la publicación de En busca del tiempo perdido de Proust, con la proyección de las películas La caja de Pandora de Wilhelm Pabst y Muchachas de uniforme de Leontine Sagan; no, Tamara de Lempicka jamás se hubiese sentido atraída por un mundo como este.

Fotograma de Muchachas de uniforme, Leontine Sagan, 1931

Quizá he idealizado la figura de Tamara de Lempicka, pero ¿cómo no iba a hacerlo?

En 1978 se mudó a Cuernavaca, a las faldas del Popocatéptl y el Iztaccíhuatl, quizá fuera a encontrarse con el cónsul Firmin. Murió el 18 de marzo de 1980 abrazada a su hija Kizette. Sus cenizas fueron esparcidas con un helicóptero en el cráter del volcán Popocatéptl. Justo al escribir este texto (9 de abril a las 12:00h) el volcán vuelve a rugir exhalando un humo blanco que es parte de ella.

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