No me hagas venir. No me hagas fracasar

No me hagas venir No me hagas fracasar

 

El trabajo de Leticia Larín asume planteamientos conceptuales que, si bien difieren de acuerdo al contexto específico, expresan inquietudes personales frente a las dinámicas generadas entre el arte y la sociedad y el rol del artista como agente de producción cultural. Su obra, en general, apela a la clave irónica como forma de interpelar algunos de los mecanismos que constituyen el lenguaje del arte contemporáneo. El análisis de los sistemas de comunicación —sus fallas y sus propiedades—, el empleo de la metáfora —como herramienta para la expresión de las subjetividades—, y la práctica apropiacionista —como un mecanismo que disloca la taxatividad de la “realidad”—, canalizan un corpus de obra que se caracteriza por la potencia de lo incierto.

Leticia Larín, Cínico, 2015 Ampliación fotográfica

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SOCORRO Polivalente / Arpado, 2015

Enfundada en ropa de trabajo, saturada de polvo y materia indescifrable, Larín engrana meticulosamente una barrera metálica cuyo fin natural impone una separación a través del dolor. Los agudos dientes de este dispositivo no solo amenazan la frágil carne sino el torpe orden de nuestro sentido común.

Tres días antes de la inauguración, una pluma se desliza por los entresijos del techo recién reparado. Se asienta delicadamente entre los casi invisibles hilos de una telaraña, en la esquina de un antiguo lavabo que funge de pedestal improvisado para una potencial obra. Inmediatamente, la artista protege a este frágil producto del azar con cintas y señales de seguridad que proclaman su transfiguración en objeto estético por antonomasia.

Génesis. A través de la apropiación de la conocida obra de Bruce Nauman Make Me Think Me, Letícia Larín detona nuevas lógicas desde la subversión ante lo arbitrario declarativo. La metodología del artista y la naturaleza impositiva de la frase le generan incomodidad y desasosiego, suscitan un discurso específico que amplifica lo conocido y reflexiona sobre el lenguaje y sus ambigüedades.

Leticia Larín, Make me think-Don´t make me, 2015. Lápiz y cinta adhesiva sobre papel

En la pieza “Me halagas”, desde la ambigüedad lúdica del doble discurso, Larín parodia nuestra condición de receptor pasivo ante el artista. Una proyección de las frases Me hagas ir y Me hagas venir se multiplican y superponen constantemente hasta constituirse en una capa monocromática, sólida y uniforme, que cancela el enunciado.

Enunciado. Bruce Nauman, en su instalación sonora Raw Materials realizada para el Tate Modern, reunió un conjunto de grabaciones de voces que decían o gritaban, mediante loops, palabras o frases específicas. El artista planteaba que acuerdo a las inflexiones, el ritmo o el tono de voz, estas mismas palabras podían mutar dramáticamente sus significados. Larín, en cambio, en su obra “I may be paranoid – but not an android”, trabaja por medio de fragmentos de frases y sonidos invariables. Seleccionó un fragmento de la canción Paranoid Android de Radiohead que, a su vez, fraccionó en 130 fragmentos de 1 segundo cada uno. Desplegados en un looping plano y homogéneo, la indujo a un automatismo gestual sinestésico que perseguía un patrón sígnico estandarizado, elusivo e imposible. Cada gesto, cada signo sobre el papel, 130 en total, es único y aleatorio, enmarcado en un tiempo distinto.

Leticia Larín, I may be paranoid, but not an android 112 (522-523), 2015. Audio mp3, lápiz y tinta china sobre papel

Imposible. ¿Los peldaños son necesarios para llegar a un lugar? Una escalera metálica, en medio de una habitación vacía, nos conduce a una abertura en la parte superior de la estancia. Al final de esta, una claraboya enrejada que interrumpe nuestro trayecto. La instalación “Lugar desierto”, concebida a partir de la estructura arquitectónica de un recinto de SOCORRO Polivalente, no disimula su inutilidad y, a pesar de ello, nos sometemos sin objeciones al impulso de utilizarla. Nos induce amablemente al absurdo, al ejercicio de un fracaso.

Leticia Larín, Lugar desierto, 2015. Hierro

Abertura. Una caja de plexiglás herméticamente cerrada contiene una hermosa pluma amarilla. Su prosapia estética es inobjetable. “Hueco”, el título de la obra, condiciona y desvía nuestro entendimiento a través de un falso anclaje; resemantiza su concepto bajo un juego de contraposiciones. El lenguaje, desde su primigenio estatus queactúa directamente en la esfera del pensamiento objetivo,es utilizado por la artista como materia plástica, abriendo múltiples posibilidades de interpretación desde la cadena flotante de significados posibles.

Leticia Larín, Hueco (detalle), 2015. Pluma artificial en caja de acrílico

El encargado de la limpieza se esmera en dejar impecable el espacio ante la inminente inauguración. Barre y friega el piso de la habitación con diligencia evitando tropezar con los objetos que la circundan. Al final del día, retira sin inmutarse las cintas de seguridad y descarta las aguas residuales por el lavabo. El soporte de la pluma colapsa. El proceso mitificador se interrumpe y el orden natural se restablece.

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 Christian Bernuy del Carpio (1970)

Fotógrafo, egresado en Historia del Arte por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es miembro fundador de SOCORRO Polivalente, espacio independiente enfocado en artes visuales y cultura contemporánea.

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