LA ESCRITURA ES UNA APROXIMACIÓN A LO DESCONOCIDO, UN ACTO DE AMOR Y UNA LUCHA CONTRA LA ALIENACIÓN. Entrevista a Verónica Cabanillas Samaniego. Por Aldo Alcota.

Verónica Cabanillas Samaniego (Lima, 1981), es poeta y artista visual que a cada segundo siente la experiencia surrealista en su vida y obra. Para ella la escritura cura esa “herida heredada por la cultura, la sociedad y la existencia”. Insiste que poesía y arte conducen hacia la libertad humana y son modos de resistencia ante una sociedad alienada. 

En 2014 publica TUyYO por autoedición y participa en diversas antologías de poesía: IXQUIC. Antología internacional de poesía feminista (Editorial Verbum, Madrid, 2018); Wagered deep on the run of six rats to see which would catch the first fire / Surrealist and Outsiders (RW Spryszak, Chicago, 2018); Liberoamericanas, 80 poetas contemporáneas (Liberoamérica, España / Argentina / Uruguay, 2018); Narrow doors in wide green fields / Surrealists and Outsiders (RW Spryszak, Chicago, 2019). Ha participado en el V Festival de Poesía de Lima (2014); IV Feria del Libro Alternativo Antifil, Lima (2019). Su trabajo visual es difundido en revista Derrame (Chile), Canibaal (España), La vertèbre et le rossignol N°5, Vies de Saint-Artaud (Canadá). Ha expuesto individualmente en Lima y colectivamente en Europa y Latinoamérica: El asombro del colmillo, Le Petit Canibaal, Valencia (2014); Ludwig Zeller, componiendo la ilusión, Galería Taller de Rokha, Santiago de Chile (2017); Cien años de Surrealismo, Centro Cultural Espacio Matta, Santiago de Chile (2019-2020), entre otras. Ilustra junto al creador chileno Aldo Alcota el libro Suites Secrets (2018) del poeta español Fran Amador Luna.       

– En Escribir,  la poeta y filósofa Chantal Maillard, nombra varias razones que la empujan al mundo de la escritura: “escribir / para curar”“escribir / como condescendencia y como rebeldía”“escribir / sin hacer concesiones”. Y aprovecho de mencionar un bello párrafo de Severo Sarduy en su libro Cobra: “La escritura es el arte de descomponer un orden y componer un desorden”. ¿Qué es para ti escribir?  ¿Cómo definirías la escritura?

A lo largo de los años y de repentinas veces en que me he puesto a releer mis poemas después de veinte años, diez años, o cinco, o en algunos casos después de meses, me doy cuenta últimamente que escribir es el perfecto camino que uno toma para descubrirse, para conocerse, para darse la mano, para reconocerse; es una lucha contra la alienación, la más perfecta arma para vencer la alienación del sistema. Cuando emprendes ese camino de autodescubrimiento, y ahí concuerdo con Chantal Maillard, la escritura cura la herida heredada por la cultura, la sociedad y la existencia. Te desalienas, te encuentras y esa es la cura que urge en la humanidad. También por ello la escritura es rebeldía. Sobre la frase de Sarduy creo que resume mucho sobre el camino del que hablo; yo lo entiendo como descomponer el orden, a empezar a dudar, empezar a cuestionar y empezar el camino de tu búsqueda personal, a desalienarte. La composición de un desorden será la composición de ti mismo, del ser real que eres y compones el desorden, ya que ahora estas fuera del orden, del orden primero que descompusiste porque ansias la vida, vivirla, pero desde tú mismo, y escribes para eso, y escribiste siempre para eso, aunque no todo el tiempo lo supiste. Es una tarea puramente alucinante y honesta, como componer un cuadro y  surrealista. 

La escritura es entonces lo que se nos dio, como facultad a todos, pero que pocos nos atrevemos a realizar, lo que se nos da para ser libres y a su vez para luchar por la libertad de los otros, creyendo que la utopía es la libertad del ser humano. La escritura deben ser los pasos más allá. La escritura debe demostrar los pasos más allá que la humanidad no se atreve a dar. En todo caso, es una aproximación a lo desconocido, un acto de amor y de altruismo, de generosidad para con todos y debería ser valorado y recibido así, como se merecen los actos importantes, valorables logros en el avance de lo indómito. 

La escritura es el todo al que se intenta llegar, compuesta de retazos, de eslabones (los poemas), algunos perdidos, navegando en tu propio cosmos. Con esfuerzo lograras atar y ver algo de ti mismo, búsqueda fundamental del ser esencial que ansias ver, por ello la escritura es puerta al descubrimiento o al redescubrimiento. Entre tanta palabrería, el implacable tiempo, el olvido, la lucha constante propia de vivir, la escritura se convierte en el momento lucido y vital en que te aproximaste a ti mismo, cuando vuelves, cuando regresas a ti. Ves lo más bello y honesto que hay en ti y en tus deseos. Dentro de esa búsqueda, valga a decir, no sabemos qué nos depara, si hay final, o es infinito, o dónde nos llevará.

– En el libro TUyYO (autoedición del 2014) existe un vínculo con la llamada Poesía Negra, con ese vértigo y descenso a las profundidades y abismos del ser. Pienso en Antonin Artaud, uno de tus autores preferidos. O en los poetas integrantes de Le Grand Jeu. Están esos desbordamientos que convierten “hasta el último átomo del mundo en material poético” según Enrique Gómez-Correa; o esa audacia de correr el velo de lo divino y “expuesto a todos los riesgos del aniquilamiento”, definición de Aldo Pellegrini al referirse a la Poesía Negra. ¿Te sientes parte de esa tradición que penetra en esos secretos del yo y sus sombras, con todos los escollos que pueda significar al enfrentarlos? 

Enfrentar las sombras y saber de tus secretos, es decir, vivir una existencia plenamente aceptada en su totalidad, creo que es una aspiración luminosa e iluminadora. Esos escollos son necesarios e irreversibles. La verdad que prefiero esto a los escollos y toda esa perdición y pedrería mental en que esta embutida la sociedad. El hecho de huir de ti, creo que ha producido toda una sociedad vacía, que se llena de vacío para seguir viviendo. 

Siempre quise ver belleza, cambiar de mirada, deslumbrarme, cuando absolutamente nada me deslumbraba y tenía conciencia de eso. Me lance a ese velo de lo divino para saber qué es y dónde está la belleza, la vida, qué hay más allá, todo lo que del otro lado me hablaba, simplemente porque no había mucho que perder, salvo mi cuerpo físico y me arrojé porque mis deseos fueron más fuertes que lo que mi razonamiento me decía. Además este me anunciaba que en estos desbordamientos como los llamaba Enrique Gómez-Correa y que yo no sabía nombrar, estaba el acceso a la vida maravillosa. Lo viví, lo pensé y lo sentí desde el dolor. Experimenté una especie de resquebrajamiento esencial hacia la vida. Y la crisis que eso conlleva la viví como una batalla donde yo y mi cuerpo eran el campo de esa batalla. Yo y todos mis yos contra mí misma y contra lo que del mundo o sociedad había en mí. ¿Si estoy siendo parte de esa tradición? Creo que sí y no. ¡Mira cómo terminó Artaud! En ese sentido, puedo decir lo siguiente: en mi libro TUyYO están publicados textos del 2003-2014, pero sobre todo los poemas del 2003 y 2004 y la serie de textos escritos entre 2001 y 2002 -años intensamente oscuros- que conservo bien sin publicarlos. Son obras que jamás podré volver a revivir, simplemente porque hay experiencias que sólo quieres vivir una o dos veces y punto. Creo que la penetración abismal en mi yo oscuro, mi primer acercamiento a lo real y las sombras fueron por esos años. También me he acostumbrado a vivir y domar a estas sombras. Algunas las he difuminado con la luz, otras con la misma sombra o medios tonos, otras están descubriéndose y deshilvanándose de su enmarañamiento. Pienso que ahí la pintura, la creación artística y el acercamiento íntimo a mis poemas me ayudaron (ayudan) a desvanecer o trasformar estas sombras, digamos en luz, paz, resplandor.

Mis vínculos con la poesía negra, desde mi escritura, se han desvanecido. Los desbordamientos han tomado otra forma y cauce. Correr el velo de lo divino es un hecho que me sigue cautivando muchísimo, pero quisiera acercarme desde otro ángulo o perspectiva, como el del amor. Quiero arrojarme a la pintura, al amor, a la amistad y ser aniquilada de otras maneras. Ya tienes la valentía de tomar esos riesgos de ser aniquilado y reír, porque una vez rozado lo innombrable, sólo queda ser valiente y atravesar la vida así. Y en este punto es que encuentro el sí y no a la vez sobre pertenecer a esa tradición. Y es tan cierto eso de ver cada átomo como material poético, creo que eso fue algo que me fue otorgado como regalo por mi paso por esas oscuridades, y que jamás se me podrá arrebatar, y lo agradezco. Mi  acercamiento a Antonin Artaud se dio en este contexto, porque respiré, me salvé y fui acompañada mucho tiempo, en especial con su libro El pesa-nervios, una especie de biblia que estuvo conmigo muchos años, a donde iba y lo leía a cada momento, y lo escuchas, como quien te dice “yo he sabido y más que tú”.

– En varios poemas de TUyYo está latente la agonía, la enfermedad, la locura, la muerte, la duda… A estos textos, tanto en verso como en prosa le acompañan tus dibujos de tinta líquida, seres de feroces fauces y astros que tienen una complexión similar a dagas y cuernos, como si estuvieran a la defensiva. Tu escritura y tus imágenes concentran un disgusto por una realidad exterior que te ha tocado presenciar y vivir: “No hay mayor silencio que el silencio de la luz desplegada sobre las cosas / de esta habitación en ruinas oscura y roja que se hace llamar mundo”. ¿Es la creación tu aliada y tu escudo protector ante la irrigación de lo inhumano, lo adverso y lo insensible que está presente en este mundo diariamente? ¿Es crear una forma de conjurar todo este arrasamiento ominoso? 

Sí, pero sobre todo es la forma de sublimarme, elevarme de lo ominoso que uno puede ser. Es la forma como canalizo todo mi torrente interior y lo vuelvo algo bello.  Es la forma en que me supero a mí misma. A través de ella, puedo ser capaz de lo que sea y de sentir mucho. A través de la creación me puedo defender, sí, llega a ser una defensa frente a todo ese caudal inmenso que es la inhumanidad, para gritarle sus verdades y las mías, para escupirle toda su bajeza. Con este necesario sentimiento, el de ir frente a lo insultante y cruel de la vida, hacer de la creación el acto de exorcizar aquello y convertirlo en algo mejor. Por eso, para mi tiene mucha semejanza la creación con lo alquímico. Es en uno mismo donde que hay trabajar, para que la vida florezca y así otros vean nuevos caminos. 

– También en tu libro hay una posible tregua con la existencia (“A pesar de tus desgarros vida insomne, deseo tenerte hasta lo insaciable de mis días…”) y una agitación por el deseo, el Eros, los sueños, las constelaciones y lo sublime. ¿Podría señalarse todo aquello como posibilidades de reinventar una nueva realidad, lo que significa un viraje más resplandeciente, un respiro esperanzador después de la pesadilla? 

Sí, y eso ya lo estoy empezando a vivir. Por cierto, ese verso de ese poema lo escribí un año y medio después de la muerte de mi padre. Me refiero a ese desgarro que significó para mí, pero también a la luz que veía luego del dolor y la pena, y hace referencia también a lo que empezaba a nacer en mí, es decir, en lo que refiere a mi búsqueda creativa y artística, ese deseo de tener vida para seguir en esta maravillosa búsqueda. Ese deseo superior de la vida y el valor gigante e inmenso que significa vivir, lo vi y lo sentí así de tremendo, después de ver la muerte de una persona realmente amada.

– La ventana en TUyYO es un objeto que invita a ser libre, una escapatoria con poderes alucinatorios, que tiene nexos con la pintura y el cuadro: “Mil pinturas que hacen mil ventanas me llevan y me sitúan entre cuatro paredes / expandiéndome al fin, entre los colores que atestiguan las huellas de la médula de mi universo negro y brillante…”; hasta llegar a “pintura y barro y miles de ventanas / me sonríen dentro…” y “Gira universo eje mito de mi sien angustiosa, que me mato me renazco me reinvento me conspiro y te veo girar por mí, cualquier día que quiera a través de mi ventana”. ¿Es la ventana una odisea del goce y qué más representa para ti este elemento poético?

Esos versos los escribí pensando en que la pintura fácilmente podría ser una ventana, y en efecto, desde donde se vive una odisea del goce, tu propia odisea del viaje, odisea del viaje y del goce que es la pintura misma y al hacer la ventana, pintar. Ser el fabricante de esa ventana. Por eso digo que me reinvento, me conspiro cuando quiera, que puedo ver el universo girar cuando quiera, cuando pinto, cuando veo la imagen terminada y queda para siempre como una eterna huella del viaje en ese universo. Que además puedo verlo girar cuando me dé la gana de pintar. 

– Otro componente de la materia de tu escritura en TUyYO es el sol. Para los incas el sol era muy significativo, una deidad llamada Inti que proporcionaba abundancia en la tierra y en las cosechas. En Perú hasta el día de hoy se celebra el Inti Raymi o la Fiesta del Sol. “Falta sólo abrirse al sol y tragarlo” escribes. ¿Cuál es la importancia del sol para ti? También se manifiesta bastante en tus pinturas.  

Creo que es un amor instintivo. Cuando empecé a pintar sólo brotaba y sigue brotando espontáneamente, así como la luna y algunos elementos más. Forma parte, si quieres, del imaginario de una de las “tribus” a la que pertenezco, a la inca. Pero desde lo instintivo y sanguíneo, no desde lo conceptual. Fue, es, un símbolo que emerge desde el inconsciente. Nuestro inconsciente individual está ligado a todas las demás inconciencias, eso que se llama inconciencia colectiva, y ahí, por obvias razones, el sol es un elemento importantísimo. Lo atribuyo también al deslumbramiento primario que significó para mi ver el sol, también a que sin él moriríamos todos, al poder que posee, al astro (con la luna) que siempre vemos. Además, recuerdo cuando me explicaron por primera vez que el sol fue el dios de los incas. Cuando nací, en 1981, la moneda era el inti, ahora el sol, una de mis primeras preguntas en la infancia fue qué significaba el inti y me dijeron sol en quechua. Fue deslumbrante poder ver a la mano, fácilmente, que hubieron o que hay muchos dioses. Ese paralelismo, esa dualidad en mi visión, es decir, saber que alguna vez dios católico no existió aquí en Perú, o no vivía aquí, de esa manera como lo entienden los niños. Cuando vi eso claramente se me abrió una provechosa perspectiva que he llevado siempre conmigo y he desarrollado, porque justamente se abrieron dos perspectivas de un solo hecho: dios, la existencia de dios, qué era, quién es dios.

– “Cuando nos curemos, curaremos la vida misma que está tan enferma” revelas a modo de introducción en tu libro. ¿Es el arte y la poesía una forma de curar los males que aquejan a la humanidad?

Por supuesto, indudablemente lo es. A pesar del mucho barro sucio del sistema artístico, que quede claro: eso no es lo mismo que el arte ni la creación, éstas siempre existirán, por sobre y por bajo todo ese aparataje comercial de figuración y un largo etcétera. Es imposible quitarle una facultad innata al ser humano. Sólo hay que desarrollarla, tal como se desarrolla el hablar en un niño o como aprender a caminar. La creación, la poesía, la pintura, parafraseando a Lautréamont, debe ser hecha por todos para curar a la sociedad total.

Eduardo Milán dilucida que “El poeta moderno –en especial el del siglo XX- tuvo que jugar en ese doble escenario: el de la sordera del mundo y de la imposibilidad de hablar, el de la no interlocución y el del mutismo”. ¿Cuáles serían según tú los escenarios de este nuevo siglo donde jugarían los poetas?

Creo que el poeta, como dijo Artaud, no debe esconderse tras un libro y una publicación, debe ser una especie de performer en la sociedad cotidiana, decirlo todo, hablarlo todo, contarlo todo, transmitirlo todo, con el habla, con el arte, con una actitud que lo distinga del mutismo y el callar que está frente suyo. Debe hablar desaforadamente, no quedarse callado ni en un libro, ni cuando alguien quiera escucharte, en la calle, en la tienda, donde sea, cuando amerite, distinguirse para abrir un parapeto hacia otro lugar, quizá por un instante, distinto al del mutismo y la no interlocución del ser humano como resultado de la deshumanización neoliberal. Por ello, creo que los escenarios son casi los mismos; en Perú que lleva como cuarenta años atrasado en avances elementales, culturales y legales, que vive en una idiosincrasia anacrónica y manteniéndose en la represión interior. Opino que el escenario aquí es ese descrito por Milán y el actuar de los poetas no debe ser el del silencio. Su juego debe ser tan certero y directo como un flechazo en el centro. Se debe disfrutar mucho eso, cuanto más se pueda, puesto que también los límites deben ser descontraídos y contraídos, ampliar y cerrar, entre esos límites ser como aquel que enciende la linterna en una cueva para que el otro vea qué hay allí, luego apagar y prender, sacar del mutismo y de la sordera al otro, lograr su avance. Eso depende de la capacidad del poeta y de su resistencia para emprender ese camino “de hacer ver”. Una analogía mejor me parece no el de una cueva, sino el de un escenario como un cuadrilátero, un escenario donde todos te ven, pero tú no ves a nadie, y tu competidor es un tipo que está ciego, no habla y no dice nada, está perplejo, entonces tú tienes una linterna y le alumbras hacia cualquier dirección y entonces él ve el rededor del cuadrilátero, lo que sea que vea, pero que está más allá de sí mismo, fuera de sus límites y el poeta solo enciende la linterna para tratar de revivirlo, para que empiece a luchar junto a él y también contra él, pelear juntos en ese largo proceso de ampliar los límites humanos. Lo paradójico es la presencia de un público y eso lo hace tan semejante al espectáculo diario, el de la sociedad del espectáculo, sea cual sea la forma de estos diarios espectáculos capitalistas. El poeta está ahí, en medio, completamente solo tratando de revivir al muerto más próximo a él. 

– Tu texto Hoy y no abajo, publicado en la antología Narrow doors in wide green fields / Surrealists and Outsiders de 2019 está dedicado a la artista y escritora Leonora Carrington. Cuéntame más de tu devoción por ella. Te sientes parte del cosmos surrealista como has dicho muchas veces, donde han existido grandes genias en el arte, la poesía y el cine como la misma Carrington, Remedios Varo, Joyce Mansour, Maya Deren, Valentine Penrose, Claude Cahun, Virginia Tentindo, Eva Švankmajerová, Unica Zürn, Susana Wald, Ody Saban entre otras. ¿Cuál ha sido el gran aporte de ellas en el Surrealismo y en la cultura?

Mi devoción empezó cuando leí su libro Abajo. Además fue lo primero que vi y leí de ella. Sentí una identificación vital, a pesar que la afinidad es la experiencia de la locura, el paso por la locura, esto fue esencial porque me iluminó en la oscuridad, esa oscuridad en que está hundida la gente y en el Perú, de manera redoblada. Me refiero a la terrible estigmatización, el miedo y prejuicio, así como los estereotipos que la gente carga y bota a los otros con respecto a la locura o la psicosis. Me llenó algo vital que nadie, ni nada, me había comprendido, y sentí que ella lo hacía, lo sigo sintiendo, pero me refiero a que apareció en un punto, digamos crucial y necesario en mi vida a través de su obra y testimonios magistrales. Vislumbré muchísimas cosas y me ayudó a sobrevivir, entender y continuar. Luego vi su obra pictórica y me dije desde la locura no se puede ejercer el actor creativo pictórico. Me parece que Leonora también lo entendió así y se fue hacia, digamos, la salud y la vida. A mí me ayudó a dar ese paso, antes dado por ella. Y creó una obra genial, inmensa, increíblemente maravillosa, hasta los noventa y tres años. 

Y sobre pertenecer al cosmos de esas genias, te digo que pronto saldrá una publicación maravillosa sobre la presencia femenina en el Surrealismo, titulado 120 noches de Eros desde Brasil, realizado por Floriano Martins. Ya se imaginarán de qué trata. Eso puedo decir hasta ahora, porque a nivel íntimo y personal siempre me he sentido parte de ese cosmos.

El aporte de todas ellas al Surrealismo y a la cultura es enorme e incalculable. Difícil de definir en pocas palabras. Espero en algún momento escribir algo al respecto, que describa el enorme aporte no sólo al Surrealismo y la cultura, sino a la visión de la mujer y sus alcances extraordinarios en el terreno del arte, la poesía y la sociedad.

– En 1967 la poeta surrealista y coleccionista de arte Joyce Mansour publicó un anuncio en un periódico parisino que decía: “Busco sueños para colección”. Quería encontrar objetos que tuvieran ese poder de lo maravilloso y poseerlos. ¿Qué cosas serían para ti esos sueños de colección

Mis pinturas. Aunque me desprendo a veces de ellas al venderlas y dejo de tenerlas por un asunto necesario, pero luego voy aumentando la colección. También podría ser parte de esos sueños de colección animales marinos o seres astrales y también microorganismos; bastantes obras de la historia del arte y también el amor, los besos y esas personas que son maravillosas. Me gustaría coleccionar amor, besos y personas maravillosas, sin ego de por medio, tan sólo porque son sueños que uno no debería perderse de vivir y conocer. Si se puede, quedárselos para siempre.  

– ¿Cuál es la relación según tú entre vida, imaginación y locura? 

La imaginación es parte de la vida, está en ella. La locura ocurre cuando la imaginación traspasa lo que es la vida. ¿Y qué es la vida? Una suma de convenios morales ¿Es lo opuesto a la muerte? Sí, pero no, porque la vida también está muerta. La vida está regida por un orden que ha querido darle una forma a ella. ¿Qué es la vida ahora? Es esta sistematización agobiante. La infelicidad del ser humano contemporáneo se acrecienta, esta vida que nos ha sido dada llena de dificultad, horror, pesadilla e infierno. La locura es cuando quieres deshacerte de esa vida o de la vida, entonces sales de ti mismo, te desaprendes. La imaginación se convierte no solo en parte de la vida, también la posee, la posesiona, la abarca, la totalitariza, la traga, la coge, todo eso provoca lo que comúnmente se entiende como delirios; inventarte falsedades y no es eso la locura. Es el desborde desde el profundo dolor de la necesidad de vivir, de vivir la vida no como muerte, sino como lo que es pero terminas viviéndola como lo que no es por estos tiempos que habitamos bastante oscurantistas. Ahí la psiquiatría te dice que la vida es esto y no aquello, y debe ser abordada así y no de otro modo. Lo que se llama locura no puede ser vivida en todo su esplendor, ya que la vida y todo lo que eso implica simplemente no lo permite a cabalidad. Eso lo probó Antonin Artaud. Él quiso saber qué es vivir fuera de los límites, en carne, en verbo ser o verbo rojo ¿Me dejo entender? Él quiso saber qué es habitar allí totalmente toda su vida y por ello, padeció un feroz sufrimiento que no se lo deseo a nadie. ¿Y viste que perdió la vida? A costa de querer vivir, es muy paradójico, pero lo que es la vida ahora es un retazo mínimo de lo que será, donde la imaginación nos llevará. Y también creo que cada uno debe ser libre para soportar su sufrimiento en las cantidades que lo desee. Ser libre de soportar la enajenación que se quiera permitir, porque desgraciadamente la locura te puede llevar a confines inimaginables y comúnmente terminas solo en un manicomio, no en ningún edén o paraíso, como debería ser. A lo que llegué de golpe, profundo, violento y bestial es que mientras estamos todos aquí metidos en este saco sin poder escapar, queda únicamente reinventarse la vida poco a poco, convertirte en artista y poeta y desde ahí luchar por ese camino. 

– ¿Qué poetas del Perú te interesan?

César Moro… Y recientemente pero no tardíamente me interesa mucho Enrique Verástegui.

– En tu poema Ecuación-raíz invertida-suma de totales-unidad cósmica: el + ellx = xl-lx, aparecido en IXQUIC. Antología internacional de poesía feminista de 2018, se trenzan el erotismo, lo queer, el poder de lo femenino: “De crear un matriarcado a la altura de nuestros sueños” o “Quisiera convertir tu pene en mil vaginas al inicio del mundo”. ¿Cuál es tu percepción frente a la situación actual del feminismo en Perú y Latinoamérica y si se puede llegar de una vez a concretar una nueva sociedad donde no exista ningún tipo de discriminación? 

En Chile y algunos países de la región se está más cerca de concretar esa sociedad sin discriminación. En relación al Perú, veo avances pero no al nivel de esos otros países. “Ninguna discriminación” realmente suena a utopía en este país, donde los femicidios son cosa de todos los días y a cada momento, donde existe un estereotipo fuertísimo de lo que es ser y parecer mujer. Un país donde se miran más los logros y se toma más atención a la palabra del hombre por sobre la mujer, donde se piensa que la mujer sólo está destinada a procrear y ser esposa, denota una misoginia sumamente desagradable, difícil de digerir y un gran desconocimiento de la realidad del universo y del poder femenino y masculino más allá de los géneros impuestos, los estereotipos y las estigmatizaciones de todo tipo y calaña. Este sigue siendo un pueblo atrasado en el tiempo, envuelto en prejuicios, frustración, valga la redundancia, de una masculinidad frustrada, sin atisbo hacia la reflexión, violenta y cruel, engendrada de nuestra terrible educación patriarcal y misógina. Donde casi no existe punto de crítica hacia ésta. Sólo veo una asimilación sistemática de lo heredado. Espero en las generaciones venideras o en las más jóvenes que la mía, puedan sublimar estas frustraciones; lean, estudien, se contradigan y contradigan lo que les parece ya obsoleto de sus amigos, padres o abuelos y abuelas, con respecto a esta sociedad patriarcal. Y le hablo a los hombres: espero que se vean a sí mismos y sepan que de sí mismos se ha provocado a que se mate a la mujer por ser mujer, a que se desvalore a la mujer por ser mujer y que la razón de este problema es porque la mujer es mujer y hay que resolver este conflicto de masculinidad. Mientras se asuma como normal y no haya punto de crítica, mientras no nos hagamos la guerrilla interior como afirmaba Roberto Matta, todos  somos culpables de cómo va encaminada esta sociedad. 

– ¿Qué proyectos tienes ahora, en estos tiempos de confinamiento? ¿Cómo has vivido esta nueva cotidianidad?   

Pintar. Pintar y pintar. Escribir. Estos son mis proyectos. Sobre esta nueva cotidianidad, no es tan diferente a la usual, puesto que trabajo y vivo en el mismo lugar, salgo muy poco en general, así que he movido ciertos horarios para hacer las cosas, como compras de comida a una hora definida por el toque de queda y el estado de emergencia sanitario. Y solo voy a dos tiendas en la calle y listo, nada de supermercados ni colas. Disfruto mi soledad, no tengo problemas, pero sí extraño muchísimo ir al mar. Anhelo poder viajar pronto. Más allá de este par de impedimentos, de cierta impotencia y nostalgia, casi todo es lo mismo. 

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