Intramurs, crónica del día después. Por Domingo Mestre

Escribo estas líneas al poco de terminar la última edición del festival Intramurs, per l’experimentació artística al Mediterrani, que presentamos en Valencia entre el 18 y el 28 de octubre bajo el lema #Atòpic. Empiezo recordando que en el suplemento Posdata, del Diario Levante-EMV del 13 de octubre, anunciaba que, para celebrar nuestro quinto aniversario, “nos proponíamos acometer la más ambiciosa producción de nuestra pequeña historia. La construcción participativa de la imagen desnuda de València.” Para ello, invitamos al norteamericano Spencer Tunick  y le propusimos que construyera, fotográficamente, una imagen colectiva de Valencia al desnudo, que debería ser el reflejo de la nueva ciudad que entre todos y todas estamos construyendo.” Con su llegada, se inició un complicado proceso de localización de exteriores y de captación de recursos que, finalmente, desbordó el marco temporal del festival. Por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, nos vimos obligados, primero, a posponer una semana la acción, intentando a toda costa incluir la materialización de la fotografía dentro del programa de este año. Pero las cosas de palacio van muy despacio y tampoco pudo hacerse en esa fecha, motivo por el que, finalmente, acordamos posponer la fase conclusiva del proyecto de Tunick hasta finales de marzo. Única forma de conseguir que las dinámicas del norteamericano encajen, y lo hagan con fluidez, con las de las numerosas instancias locales implicadas en un proyecto de tanta envergadura.

Vicente Carrasco y Carla Fuentes. Fotografía: Estrella Jover

Pero este inesperado contratiempo no ensombreció, en absoluto, la gran fiesta que cada año supone la celebración de Intramurs. Un evento de arte urbano que convoca a cerca de 200 artistas para que, durante 10 días, muestren sus producciones en numerosos espacios ubicados entre las antiguas murallas de la ciudad medieval. La gran novedad de este año fue que abandonamos el tradicional solar donde montábamos el Espacio Ideo, frente a la Plaza de Tavernes de Valldigna, para reubicar nuestro centro neurálgico en los jardines del nuevo Convent Carme, con entrada por la iglesia de la Plaza del Portal Nou y por la Calle Blanquerías. Un impresionante espacio conventual del siglo XVII que nos ha acogido en su jardín y en el edificio de la antigua Iglesia, espacios en los que hemos realizado la mayor parte de las acciones e intervenciones artísticas de este año.

Luci Juan. Fotografía: Paula Felipe

Hemos iniciado, así, una nueva etapa en la que abandonamos, no sin nostalgia, los solares vacíos que nos han acogido durante las ediciones anteriores. El principal motivo de esta reformulación del proyecto Intramurs es la evolución de la situación económica, especialmente de la relacionada con la construcción de viviendas en el Centro Histórico y las políticas de aprovechamiento de los espacios vacíos de la ciudad. Una nueva realidad que nos ha obligado a reinventarnos para poder seguir cumpliendo nuestro principal objetivo: la dinamización cultural del barrio en el que vivimos -que es también, posiblemente, el lugar donde habita el alma colectiva de la ciudad.

NO(dos)3. Fotografía: Enrique Miravalls

Este año me he dedicado a animar el blog de Intramurs con una serie de crónicas diarias a las que se han sumado algunas interesantes colaboraciones externas o de otros compañeros del equipo de comunicación https://intramurs.org/el_blog/. Desde allí puede seguirse el día a día del festival, motivo por el que aquí me voy a centrar, tan solo, en los proyectos que más me han gustado.

Bailando en los jardines del Convent Carmen. Fotografía: Cristina Carreño

Entre ellos quiero destacar la intervención realizada por Vicente Carrasco y Carla Fuentes en la fachada de nuestra propia sede, en  la Calle Conde Trenor. Un par de manos gigantes que abren el espacio simbólico de nuestra asociación al conjunto de la ciudad. Una apertura que es, sobre todo, de obturador fotográfico pues desde su instalación se ha convertido en una de las intervenciones más fotografiadas de la edición. También quiero mencionar la propuesta audiovisual de CalpurnioVJ + DynamoDJ y el interesante videomaping These Things Happen, de Dolores Furió, Ángeles López i Laura Silvestre, así como las otras intervenciones realizadas en la Iglesia que corrieron a cargo de la británica Lesley Yendell, el brasileño Fernando Barreto y el vasco Pablo Milicua.

Agarre del Sur. Fotografía: Paula Felipe

En cuanto a las intervenciones en la calle, quiero destacar la tradicional braga gigante titulada Pati Interior V, comisariada por el colectivo Insulina Pelayos, las polémicas casitas que denunciaban la creciente turistificación del barrio de Lara Ordóñez, los Rastros involuntarios, reconvertidos en constelaciones de chicles pegados en el suelo, de Paula Fraile y la intervención Amor Atòpic, de Pep Tur, colgada en los balcones de la Plaza del Músico L. Chavarri. Igualmente quiero citar las exposiciones colectivas en la Sala del Tossal y en Sala de la Muralla del Col·legi Major Rector Pesset, que aprovecho para recordar podrán seguir visitándose hasta el 11 de noviembre, y las performances de Lluci Juan y Gabrielle Mendieta que tuvieron lugar en la inauguración de esta última y el montaje Rállate, del colectivo No(dos)3. En cuanto a la música, me gustó mucho el concierto de Ulises Pistolo Eliza, que sonó a gran nivel, pese a la difícil acústica de la ex Iglesia del Convent, y también el espectáculo de El músico y el poeta, de Arcúgal y 0disseu de Laertes, que tuvo lugar en el mismo espacio e, igualmente, resultó de brillante ejecución.

Ulises Pistolo Eliza. Fotografía: Ana Cian

Imposible olvidar, por otra parte, la prolifica propuesta de Fabrik Nomade, coordinada por William Petit y Carlos Molina Llorenç. Bajo el título de Lands of Gravity un nutrido equipo de danzarines y artistas sonoros se han dedicado a reinterpretar, con el movimiento sincronizado de sus cuerpos, diferentes espacios de la ciudad entre los que cabe señalar, además de los jardines y la Iglesia del Convent Carmen, la Biblioteca Pública, los Baños del Almirante o el Refugio de la Calle Serranos, junto a una colección de espacios secretos donde solo se podía acceder mediante invitación conseguida unas pocas horas antes. Igualmente quiero destacar el trabajo de la brasileña Janice Martins que, como siempre, ha llenado de tropical alegría el festival. En este caso con una intervención denominada AnTrópico Eden que proponía un lúdico –y premonitorio- homenaje a la intervención del mismo título que el gran artista brasileño Helio Oiticica diseñó a finales de los sesenta para denunciar la trágica situación del arte durante la última dictadura militar brasileña; un proyecto que coincidió en el tiempo con la jornada electoral que ha llevado al fascista Bolsonaro al poder en la República Federativa de Brasil.

Janice Martins. Fotografía: Estrella Jover

Y no puedo dejar de comentar, ya para terminar, el proyecto Agarre del sur. Una iniciativa de las holandesas Linda Verkaalk y Monique Bastians concebida como acción ritual que propone una sencilla pero emotiva experiencia de confraternización. Durante quince minutos, más de quinientos participantes unieron sus manos para crear una huella conjunta en escayola. La masa fue preparada con agua del mar Mediterráneo –para complementar una acción similar desarrollada con agua del Atlántico, en Holanda, bajo el título Agarre del Norte– y se vertía en estado casi liquido entra las manos de los participantes. Quedaban, así, unidos en dobles parejas, muchas de ellas de desconocidos, hasta finalizar el fraguado, dando forma conjuntamente a bellas esculturas que, finalmente, pudieron llevarse como recuerdo en los envases que habíamos preparado para tal fin. Un brillante final para una atípica, además de atópica, edición que abre el campo para la siguiente –y que, por supuesto, estamos empezando a preparar ya.

Domingo Mestre, co-organizador del festival

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