«Wilcommen, Bienvenue, Welcome»: Un «brelato» de Adriana Chávez García-Rendón

Wilcommen, Bienvenue, Welcome

 

Un “brelato” de Adriana Chávez García-Rendón

“Bien pinche fea”, “federala” “federala”, así llegó al mundo la pobre Natalia, con ese mentón sobresaliente por malformación de nacimiento,  con la nariz ancha como una boat house del lago Muskoka y la punta hacia abajo como de águila. ¿Te la coges por allí?  Debe ser hija adoptiva, porque si no yo no me explico de dónde tiene esa cara de naca. Y lo de su hemofilia es otra chingadera, ja, ja, ja, ja, ¡mira que no poder hacerse la cirugía! Yo no creo que ella esté contenta con quien es, por mucho que lo diga, pinche Fran. Pinche es utilizado por los mexicanos como los españoles usan la palabra “mierda” ¿O no cabrón? No me digas que te me estás poniendo blandito y cursi ahora que te vas a matrimoniar,  ya sé que tu señora es tarada, que no sabe para qué la quieres. ¿O a poco sí se cree que estás “enamorado” de ella? (jajajaja, qué risa me da esa palabra) No mames güey, lo peor es que hasta se crea que te casas con ella por su dinero. Yo sí sé lo que le das, pinche Fran, y ahorita que te tengo aquí sometido, ahorita que me oyes, te lo vuelvo a repetir despacito, para que vayas a chingar a tu madre de puntitas con zapatillas de ballet: a mí no me vuelves a transar. Si quieres más pastillitas me las pides o me las pagas. Porque si no lo haces te va a volver a pasar lo que te estoy haciendo. Y no me abras los ojotes como tecolote porque no pienso tener ni así de piedad contigo. ¿o quieres que también te los pegue con cinta americana  y así de paso te depilo las pestañas y las cejas y los pelos? Así que mejor éntrale al trapo porque cuanto más tardemos, más tiempo te vas a quedar. Aunque, ahorita que lo pienso, a ti te encanta ventanear que duermes en un ataúd. ¿Pos no que te encanta la oscuridad y que no tienes reflejo? Ándale cabrón, ora sí te llegó tu San Martín.

 

No soy bonita. Me duele en el alma pensar que Fran se va a casar conmigo por mis contactos. Pero no es la primera vez que ocurre ni será la última, y si ese es el precio para que esté conmigo, pues lo pago.  Y si la gente se quiere reír porque me caso, que se rían. Mis padres se deben a las normas sociales y yo lo entiendo. Cuánta ingenuidad hay en quienes critican, por no decir cuánta ignorancia, aunque prefiero pensar que es simplemente falta de conocimiento. Quien critica asume un papel de superioridad casi inherente al de una deidad infalible. Lanza un dardo de juicios como si no supiera que él mismo, a toda hora, puede ser también una diana. Eso me resulta muy triste por cuanto veo su incapacidad para comprender su propio auto-desconocimiento, porque ni son capaces de saber siquiera cuáles son sus defectos, ni de aceptarlos en el mejor de los casos, y sí en cambio se colocan en una primitiva posición religiosa de la que tanto huyen: la postura anterior a la era de la razón, cuando Dios reinaba con su dedo acusador.  ¿Qué hora es? No puede ser, llevo una hora en el espejo y aún me falta lo más difícil: ocultar el maquillaje. Voy a enviarle un Whatsapp a Fran para que se retrase. No es que no me guste que sepa cuánto me maquillo, es que no quiero que sepa cuánto tiempo me toma. No lo entendería, me consideraría simplemente frívola. Muchas veces me pregunto qué hacen las mujeres “feas” que no tienen dinero. Vivir humilladas, supongo. O pintarrajearse con maquillajes baratos y parecer mujeres de alterne barriobajero. Las feas estamos mal vistas, nos insultan, nos relegan, nos ocultan. Y quien se niegue a aceptarlo continúa del lado, cuanto menos, de la ingenuidad.

 

Así te quería yo ver, pijita de mierda. A ver si te sirven de algo tus “herramientas” “académicas”. Me hiciste sentir más que basura con esa charla en la que no entendía nada de lo que decías, porque quisiste humillarme delante de mi hermano.  Y hacerme sentir como una paleta con todos esos cubiertos en la mesa, ¡vaya sorpresita me tenías guardada! ¿eh? Con las tres copas allí, delante de mí, para demostrar tu conocimiento de la etiqueta y dejar bien claro que yo no iba a entrar nunca en tu casa. Y lo de pelar la gamba con el cuchillo y el tenedor, no te creas que era la primera vez que lo veía, imbécil, que yo tengo mucha cultura porque veo documentales. Y aquí nadie sabe de palabrejas ni de modales, pero somos gente abierta que hablamos con cualquiera y lo tratamos como persona, porque en este mundo todos somos personas, que quede claro, y no nos cerramos a nadie. A ver cómo apareces disfrazada hoy, tu primer día de trabajo. Ay qué risa, que me meo, sólo de imaginarte bajar las escaleras con tus modelitos estilosos y tus andares de reina por este cuchitril, pero allá tú, quieres descender a la clase trabajadora para ayudar a tu “marido” con su negocio. ¡Ay! Que no puedo más, la señora Meléndez-Blanco Urquijo, en este garito “establecimiento de ocio nocturno” vestida de blanco como si no supiera lo que aquí se cuece. Catalanista tenía que ser, porque viendo la que se avecina se apropia del negocio sabiendo que nunca falla, ni en tiempos de guerra.

 

Esto no me está pasando a mí. No por Dios, quiero creer en ti, si salgo vivo de ésta te prometo convertirme de tu lado. Si salgo de aquí, joder, qué dolor, si salgo de aquí mañana comienzo a ir a misa. Dios mío, por favor, no, ¡No por favor! ¡No dejes que se acerque Dios mío por favor! ¿Se ha ido? Siento la cabeza como mojada y muy caliente. ¡No por favor! ¿me he roto el cráneo? No, no, puedo mover los dedos. También los de los pies, aunque ay, me cago en todo, qué puto dolor. Estoy vivo. ¿Dónde está? No lo oigo. No oigo nada. ¡Joder cómo duele! ¡No! ¡No! No quiero hacer ruido, pero esta maldita silla no me deja moverme. ¡Agh! Ya estoy de lado. ¡Joder! ¡qué dolor! ¡el muy cabrón me ha roto las piernas. Pero estoy vivo. Estoy vivo. Tengo que tranquilizarme por Dios, ¡qué dolor! Respiro, sí, respiro y me tranquilizo, cuanto antes me tranquilice antes podré pensar cómo escaparme de aquí. ¿Dónde está mi móvil? ¡Siri, Oye Siri! ¡No debo gritar! Si Facundo anda por allí podría oírme y volver. No Dios mío, por favor, que no vuelva. Creo en Dios Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; Creo en Jesucristo, su único hijo, Nuestro señor que….  ¿Viene? ¡No por favor, no puede ser que esté volviendo! Dios mío por favor, que no sea él, ¡por favor! ¡Por favor!

 

“¿Hay alguien allí?” ¡Joder que si hay alguien! ¡Estoy aquí! Maldita mordaza, no me oye, por favor Dios mío, que no se vaya, ¡joder qué dolor! Tengo que seguir golpeando el suelo con los puños como pueda, aunque sea lo último que haga. ¡Escúchame imbécil, no te vayas, que estoy aquí, muriéndome maniatado y desangrado!

 

Fran se ha dejado otra vez el móvil en el coche. Prefiero pensar eso. No puedo vivir pendiente de sus aventuras. Es algo que debo obviar. Estará conmigo durante ciertas noches a la semana y ya está. ¿Cómo he podido llegar a esto? ¿acaso no tengo autoestima suficiente? ¿por qué voy a empeñar mi vida por tener un hombre a mi lado? Bueno, debo reconocer que ha jugado muy bien. Es un buen amante, el mejor que he tenido. Ha sabido manejar mi autoestima a su antojo. Hoy no puede vivir sin mí y mañana me detesta. Aún estoy a tiempo. Tengo llamada de Helsinki. Ahora no puedo ponerme a hablar de la cuenta Älykäs, les llamaré a las dos de la tarde. Tengo que pensar seriamente en lo que este matrimonio puede representar para mí. El simple concepto no me asusta. Es algo que he vivido toda la vida en la figura de mis padres. Es una convención incluso cómoda. Es por Fran. No: ¡es por mí!. ¿Por qué estar con alguien que no me quiere? ¿que no es más que un florero en mi flamante casa nueva? ¿cómo puedo estar haciéndome esto a mí misma? ¡Vaya con los Holandeses! Ahora necesitan el informe actuarial de las narices.  Siri: escribe un mensaje a C5: Dear Mr. De Croock, I am in a meeting, I’ll get in touch A.S.A.P. Envíalo. Clara, por favor, prepare el salmón en papillote a las nueve y cuarto y el postre cuando estemos cenando. Llegaremos a las nueve y media, ah, y suba una botella de Pesus. Sí: tinto Clara, al señor Fran le gusta comer salmón con vino tinto. Para mí Fefiñanes y para el postre el fino que le gusta al señor Fran. ¡Ah! y no le sirva agua del tiempo. Siri, escribe un mensaje para Fran: No pases a recogerme Fran, ya estoy de camino. Envíalo Siri. Ya está. Tengo que pensar. Y pensar qué le voy a decir y cómo. Y ¡fuera maquillaje!, quiero que me vea como soy. ¿O no? ¿mantengo la máscara hasta el final? Sí porque puede ser que no haya final. ¡Vaya! Me encuentro terriblemente confundida. Siri, llama a Alicia. Tengo que hablar antes con ella. Esta hiperactividad mental a veces me da buenos resultados. Sólo a veces. Intento evitar el estrés. Llevo callada más de un mes con respecto a mis comentarios sobre la Independencia Catalana. No puedo caer en el juego mediático que ya tiene enfrentados a tantos amigos y hermanos. Tengo suerte en casa. Nos queremos. No le decimos nada a mamá por ser españolista, ni mamá comenta una palabra. Los tres sabemos lo que piensa cada quien. Y los tres sabemos que en cualquier momento podemos estar equivocados. ¿Cómo he llegado hasta Cataluña con el pensamiento? Hola, Cecilia, ¿cómo estás?, ponme con Alicia tan pronto tenga un hueco. Necesito tomar una decisión, es urgente. Estas cosas requieren de un buen apoyo Gestáltico. ¿O Lacaniano? Bien, Siri, envía un mensaje a Fran: “Esta noche no puedo verte, me ha surgido un proyecto que debo entregar mañana, lo siento, no puedo llamarte porque estoy reunida, sabes que te quiero, ¿verdad?” Mejor será abordar el problema desde dos escuelas diferentes: la de las relaciones y la del deseo. Y se ha acabado. Mañana, día de reflexión. El día más importante de mi vida. ¡Huy!, Siri, envía un mensaje a “Wilcommen”:  Por motivos de trabajo de alta responsabilidad, me veo en la necesidad de cancelar mi visita al establecimiento. Por favor reciban mis disculpas por los inconvenientes que pueda causar y ya me pondré en contacto”.

 

¡Joder!  ¿Y a mí que me cuentas tío? Dijo que llegaría a las ocho, macho, que no te enteras, que la pesada esa tenía que estar antes de que empiece a llegar la gente, que esto es como la puta revisión de la guardia de la reina Isabel esa. ¡Anda y que te den! A mí no me hables así, tío, que yo no trabajo para ti, que tenemos el mismo padre muy aunque nos pese, y a ver si vamos recordando que no tenemos el mismo rango, indio de mierda. ¡Cabrón! ¿qué se piensa el puto azteca ese? ¿Que puede exigirme a mí que la pijita llegue o no llegue a la hora que le venga en gana a él? Desde luego hay gente que no se entera. Como le cuente a Fran lo que Facundo va diciendo por ahí lo larga. Y hala, a la puta calle a ver cómo se busca la vida sin su tapadera. Que yo sé muchas cosas. A ver si se cree que yo me voy a quedar calladita si me toca un solo pelo. A ver si se atreve. Estos dos me necesitan más de lo que ellos creen. Me estoy poniendo de los nervios. A ver ahora qué cuento les largo yo a las chicas para que no se cabreen, porque luego me cuesta un huevo relajarlas. Esto no está pagado, como dice el anuncio. Más que la jefa de barra soy la perra pastora del rebaño. Hasta ladro y todo. Y si no que me vea la pija cuando alguna se me pone tontita después de las sesiones esas, tiene un mal despertar y tengo que “controlarla” y calmar al resto de la manada. ¿Y me viene este y se me envalentona? ¿A mí? ¿que soy la que les trae su puta comida? Anda y que te den. Y no me vuelvas a levantar la voz. A ver a quién encuentras más que haga de reclutadora, madre y psicóloga. Lo que yo te diga: esto no está pagado.

 

No quiero declarar, no hay nada qué declarar. Fue un intento de secuestro, ya se lo he dicho. En una semana me caso con Natalia Meléndez-Blanco Urquijo, oficial, seguramente querían una recompensa por mí, y este buen hombre lo ha evitado. Enfermera, por favor, ¿puede aumentar la dosis de calmante? Quiero descansar oficial, estoy muy mal, por favor, vuelva mañana, estoy a punto de caer rendido. Mañana le contaré todo lo que quiera, pero por favor, no avise a nadie de mi familia porque no debe propagarse la alarma. Tenga en cuenta mi posición y la de mi futura familia, que tanto ha servido a esta patria. ¡Largate ya hijo de puta, tu voz me llega como filtrada a tope por el ecualizador, me cuesta oírte! ¿quieres saber por qué me rompieron las piernas? ¿para qué me deshilacharon como falda de bailarina hawaiana? ¿para saber de lo que te has perdido? ¡haber llegado antes cabronazo!, que de no haber sido por el idiota que pasaba por allí me muero. Joder, pensaba que no se iba nunca. Vale, me estoy durmiendo, estoy vivo y a salvo. Hay, hay… un policía en la puerta. No puedo más. Gracias Señor. Te debo esta. Pero sigo necesitando hierro. Me duermo. No debo dormirme antes de asegurarme de que la transfusión me la harán de inmediato. Dios mío, ahora no dejes que me duerma. Te juro por mi vida que de ahora en adelante soy un hombre nuevo.

 

Caray, las nueve de la mañana. No llego. O sí. Clara, prepáreme un café para llevar y arregle el baño: que hoy no me ducho.  Esto de acabar de vestirse en el coche es divertido, sobre todo si llevas una taza en la mano izquierda y el bolso y las llaves en la derecha.  Déjelo Clara, yo me las arreglo, si acaso apriete el mando y abra la puerta del garaje. Con que esas tenemos ¿eh? Falta de atención de mis padres. Bueno, eso ya lo sabía, mejor dicho incluso sabía todo lo que solté ayer con Alicia. Y me creo una adulta, ¡ay que risa!, cuánto nos falta siempre por crecer. Me pregunto hasta dónde se crece. Si alguien pudiera morir con doscientos años hoy mismo, ¿habría seguido creciendo hasta una extra-sabiduría que yo nunca conoceré? Eso si tiene las herramientas cognoscitivas, claro está. Desde luego debo reconsiderar la suerte que tengo. Ciertas áreas de conocimiento ofrecen mayores posibilidades de crecimiento que otras. ¿Cuánta gente no las tiene? Y, en cierta medida, todo se lo debo a mi “aparente” fealdad. Haber sido relegada en la escuela favoreció mi interés académico. Siempre leyendo, siempre trabajando en mi propio crecimiento. Siri, envía un mensaje a mi madre: “Mamá, te quiero, así, porque sí.” Vaya, esto no me lo esperaba. Llevo cinco minutos parada con el coche. Debe haber habido un accidente.  ¿Un atasco en la calle Císcar? ¡Un furgón de atestados! Caray, detrás no hay escapatoria. ¿Y si dejo el coche aquí y vuelvo luego? Jajaja, no cabe duda de que estoy de buen humor. Vaya, debe haber sido algún abuelito o abuelita.  ¡Qué horror! Seguramente vivía solo o sola y lo o la han encontrado los vecinos después de mucho tiempo de que haya fallecido.  La vida en soledad es terrible. ¿Y sólo por eso me quiero casar?  Debe ser terriblemente triste agonizar a solas. Dejar la vida en cualquier postura, sin poder alcanzar la dignidad de tu cama. Pero no por eso se empeña la vida.  ¡Ay! ¡qué rara me veo sin maquillaje. Bueno. Acabaré acostumbrándome.  Siri, llama a Mariana. No creo que haga falta confirmar lo que sé: estoy con Fran porque creo que no voy a encontrar nada mejor. Físicamente, claro está, que yo no me libro ni del mismo síndrome que critico ni de mi adicción por la belleza. Hola Mariana, lo siento: no puedo acudir, no llego, estoy en un atasco por algo que parece un atestado. Además ya he resuelto el problema, te lo explico luego porque parece que esto se mueve. Bueno se mueve muy poco, caray, otra vez parados. Debe haber sido algo gordo, están retirando coches con la grúa para que podamos pasar. ¿Qué voy a decirle a Fran? ¿Te quiero, me lo paso bien contigo, pero prefiero vivir con alguien que me quiera, de momento, sólo yo? ¡Perfecto! ¿Lo he resuelto? Me suena espectacular. No me caso. Le hago frente a la marginación por mi fealdad. Y si quiere, que sea mi amante. Hala,  Siri, llama a mi oficina. Nos movemos, ¡qué horror! Vaya con la buena suerte que he dicho que tengo. Mira que tocarme pasar justo en el momento en el que entran la camilla en el furgón. Buenos días Lucía, por favor resérvame un billete en el primer vuelo que salga esta tarde hacia Helsinki. Tengo que recalcular los riesgos del personal de la firma Älykäs. Además hace un día precioso. ¿No te lo parece? Aunque yo acabo de pasar por algo que parece un fallecimiento no natural, Lucía, no cabe duda de que todos los días podemos agradecer que hemos abierto los ojos y decir: ¡De la que me he librado!

 

“Wilcommen, Bienvenue, Welcome”, una tarjeta de visita. ¿Es un cabaret de esos nuevos, no? Investiga la relación con el hombre que está en el Nou d’Octubre por supuesto secuestro, aparentemente el dueño del “centro de ocio nocturno”. Esto parece un asunto de ajuste de cuentas, el otro con las piernas rotas y la piel a tiras, y éste sin ojos y con la lengua en el culo. ¡Caray!, cómo se han puesto entre los dos, ¿no te parece? Lo que más me alucina es esta jarra con sangre que hay en la nevera. No sé, como no se trate de un vampiro… Pues buena entrevista ha tenido el phantom este. Pide una orden de detención de todos los trabajadores del cabaret. Seguro que saben algo. Hala, dame la hoja para firmar la recogida de pruebas, que estoy que me muero de hambre. Y baja al bar y pídeme un bocadillo de morcilla.

 

 

 

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