Baúl blando de disfraces derretidos de Amador Luna. Por Aldo Alcota

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fotografía Jean-Marc Lostetter

Baúl blando de disfraces derretidos es el título, bella remembranza daliniana, del segundo libro de Fran Amador Luna por Ultramarina Editorial, o como él expresaría, su “segundo bastardo”. La definición que ha dado a sus textos es de pseudorelatos. Yo me atrevo a denominarlos como escritura antropófaga que se nutre de los ligamentos del barroco y de la exploración surrealista, una perfecta unión para enfrentar afuera a un bloque de literaturas acomodaticias y sin riesgo. Todo es una punzante avalancha donde no escasea la poesía. Al contrario, el autor la pasea con lucidez gracias a un estado de alucinación, su manera de contrarrestar lo despiadado de esta época, con todas sus putrefacciones.

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Artista Concha Ros. Fotografía Jean-Marc Lostetter

Fran Amador Luna se rebela con su obra, porque escribir es un modo de resistir. Desde allí se integra a una cofradía estremecedora de la palabra, inquietante en sus salvajes utopías: Carlos de Rokha, Larrea, Tzara, Todorov, Blake… Desafía con saña intelectual al reinante conformismo social y a la falta de ingenio. Su curiosidad extremeña -propia de los conquistadores que fueron a América- lo condujo a continentes bibliográficos y selváticas estanterías donde encontró los decisivos frutos de Marosa di Giorgio, Pizarnik, Crevel, Lezama Lima, Huidobro, Sarduy o Jorge Cáceres.

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Fotografía Jean-Marc Lostetter

Valiente abordaje de escritos intercalados con fotografías y pinturas. La ruina es baile y corporalidad; rojo es su manifestar, su habla, tras los pasos de los engendros mártires del día a día; es mandala y movimiento que lleva a la niñez, a esa nostalgia perdida en blanco y negro. Panorama filosófico, batallas y naciones inventadas en el híbrido de las letras, gestos vestidos de vanguardia, derribo de temores y aspiración a una posible inmensidad más allá de lo humano. Fragmentación proveniente de la alta poesía y la conciencia de un paisaje moral ruinoso, dos de los ingredientes que destaca Vila-Matas para que una narrativa trascienda en este nuevo siglo. El futuro está allí.

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Fotografía Jean-Marc Lostetter

Para leer a Fran Amador Luna y a sus majestuosos bastardos, hay que subirse al avión del frenesí. Allí están los baúles blandos y los disfraces derretidos para ingerirlos como gigantes sándwiches y arrojarse a las turbulencias, relatadas por héroes de la madrugada. Aquí lo tienen, maravilloso escritor y amigo inolvidable, fiel al espíritu Canibaal, aquel proveniente del Pánico y Dadá.

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Ximo Rochera, Fran Amador y el editor Iván Vergara. Fotografía Jean-Marc Lostetter

 

Desde mi habitación azul con ventana hacia el océano Pacífico, más la añoranza del Mediterráneo y la música del punk ruso Igor Letov, te saludo.

Ya nos veremos.

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