Arquitectura, cine y el terror de lo no dicho. Por Cristina Llamedo

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El pasado 15 de febrero pude ver en el ciclo de cine y arquitectura que presenta la fábrica de hielo: La Sapienza (2014), una película de Eugène Green. Hay películas que son obras de arte precisamente por la forma que tienen de narrarlo. Esta es una película cocinada a fuego lento. Esa lentitud te permite disfrutarla de una forma en la que sientes que estás entrando en ella (en la película, en la belleza) y volviendo a nuestro lugar como espectadores constantemente.

La arquitectura está muy presente en toda la obra de Green, pero considero La sapienza como la más arquitectónica desde todos los puntos de vista. Cuando digo desde todos los puntos de vista, me refiero a los siguientes: punto de vista arquitectónico, arquitectura del lenguaje y también la explicación, o reflexión, sobre cómo se conforman las relaciones humanas.

Si hablamos de arquitectura sería el punto más visible de la película, el más destacable. La firme presencia de todas esas construcciones — en su mayoría edificios religiosos — sumado a cómo el director juega con los contrastes de luces y sombras en estos templos y en el resto de la película. Estas secuencias dedicadas a la arquitectura van acompañadas de una música que impide que apartes la mirada. Hay algo de magia, algo de místico también en esta película, algo grande que no sé explicar. Lo mejor que puedo hacer es dejar que la veáis y que sintáis lo que intento explicaros.

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No soy crítica de cine por lo que puedo estar a punto de lanzar una tontería, que me corrijan si digo estupideces, pero para mí hay un guiño muy fuerte a la Nouvelle Vague, sobre todo a las películas de Godard en relación a la arquitectura del lenguaje y las relaciones humanas. Cuando hablamos del cine de Godard tratamos el tema de la incomunicación, aquí creo que se puede hablar de lo mismo, pero desengranándolo un poco más. El primer guiño que encuentro es el trato que tienen los personajes con el espectador. Miran directamente a la cámara, pero de una forma que al inicio de la película me resultó hasta intimidante. Están trasladando ideas fuera de la película, haciéndonos partícipes y a su vez, los personajes se transmiten conocimientos mutuamente.

El segundo guiño es lo que he llamado la arquitectura del lenguaje unido a las relaciones humanas. Frente a esa incomunicación de los personajes que se hablan en un tono bastante neutro —como si fueran autómatas — está siempre presente, de nuevo, la idea de transmitir a través de la palabra. Cuando digo palabra pienso en el término francés parole que Eugène Green prefiere utilizar antes que el término mot. En español no hacemos esta distinción. Parole en francés implica hablar no solo a través del lenguaje tal y como lo entendemos —como una lengua/idioma — sino que se puede hablar a través de gestos, a través de silencios… Parole sería para transmitir, lo que palabra es para el verbo hablar. A veces somos incapaces de expresarnos solo a través del lenguaje y viceversa, necesitamos las imágenes, las sensaciones etc. A mi parecer, el cual creo compartir con el director, resulta casi imposible pretender explicarnos en un solo idioma con una única forma de expresión, por eso el cambio de idiomas en esta película. La pelota de la comunicación pasa del francés al italiano como si fuera lo más normal y así consiguen una transmisión más o menos completa.

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https://www.youtube.com/watch?v=H943BAOUdJ8

Utilizando una expresión del director, creo que esta es una película perfecta para vivir el presente del pasado.

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